
Viento del Sur
27 octubre, 2025
Círculo de fuego y de presencia
15 diciembre, 2025«Existe una vieja ilusión, la de querer acercarse al Absoluto con la ayuda de la mente, como si no hubiera entre la punta más fina del concepto y la Realidad una discontinuidad inconmensurable. Esta punta extrema del concepto, del símbolo doctrinal, lejos de tocar la Realidad, es como una aguja levantada contra el espacio ilimitado… La concepción teórica puede complicarse hasta el infinito en función de las intuiciones intelectuales: no es nada en comparación con lo Real. Pero esta meditación especulativa lo es todo para el hombre que, con la ayuda de la idea revelada, y mediante la asimilación de los aspectos más profundos de ésta, se pone en las disposiciones requeridas para que se cumpla el milagro de la intelección.»
Frithjof Schuon. «Perspectivas Espirituales y hechos humanos».
Todo amante de la Verdad busca como puede, desde esa chispa de intelección que el Intelecto Divino depositó en su interior, como Luz de luces, el misterio de su existir.
Como decía Sir Arthur Eddington. “Ya por la búsqueda intelectual de la ciencia o por la búsqueda mística del espíritu, la luz hace señas y el propósito que brota adentro de nuestra naturaleza responde.”
Hoy quería caminar en estas líneas junto a la ciencia occidental, la que nació de la Filosofía, de la Metafísica y luego renunció a “su madre”, que hunde sus raíces en el Cielo, buscando el imperio de la Razón, que es el modo especificamente humano de la inteligencia, al que se le retira, el objeto que les propio, lo Real, lo que está más allá, la intangibilidad del Misterio, Dios. y que, por ello, descendió, cayó y se perdió en la materia, en lo medible, pues renunció al principio metafísico que le daría validez gnoseológica.
Es una tendencia en la historia, ya Epicureo con su Física buscaba destronar a los dioses y su poderosidad. Rerumnatura pretender destituir a Dios y , por ende, a las instituciones que instrumentalizan el poder de los Dioses, lo cual tiene cierta lógica, nadie niega la necesidadd e rectificar lo que se pervierte. Pero no se puede tirar al niño, con el agua sucia de lavarlo de las impurezas de la historia. Con la Revolución francesa se culmina, con inusitada violencia, ese combate entre ciencia y religión y la Razón pasa a ser la diosa que gobierna la religión del cientifismo.
Incapaz, por tanto, la diosa Ciencia, durante siglos de abordar el milagro de la conciencia, su primacía, pues ha negado el rayo del «Sí» del que proviene. Solo hay objetos mensurables. «Dios ha muerto». Poniendo su foco en la materia olvida la dimensión espiritual de la realidad nos aboca a la debacle materialista en la que se ahoga occidente, que ha perdido el Elemento clave que mantiene unido al Universo, el Amor del Creador, el atractor que hace que un átomo no deaparezca en un vacío esteril. O en terminos no teistas el Principio que todo manifiesta.
Sin ese amor que une lo aparentemente separado, que disuelve las fronteras entre «yo» y «tu», se justifican todas las guerras, internas y externas, que todos padecemos desde hace milenios. La unica liberación es volver a conocer lo que negamos que existía. Tattvabodha , el Conocimiento de la realidad, es lo único que libera de la distorsion de nuestra visión materialista. Hay que recuperar al auriga del carro, el Intelecto, Arjuna, el Buddhi de los budistas para poder recibir la visión de Khrishna, la inteligencia divina, Rigpa , la Clara Luz, en el budismo Tibetano, que va montado en el carro y ve el aparente campo de batalla, como un juego de discernimiento entre lo Real y lo que no permanece y muta.
La Diosa Ciencia, incapaz de entender la consiguiente inconmensurabilidad entre la subjetividad y la materia, ya fuera esta un grano de arena, o el majestuoso astro rey del sol de cada día, parece, al fin, en este descenso vertiginoso a la debacle, que desde hace unas décadas se vuelve al Misterio de los misterios y retoma desde la neurociencia y la física teórica la incógnita de la conciencia. ¿Qué o quién en nosotros sabe? ¿Quién es ese Krishna que va sentado en el carro de Arjuna a la batalla de Kurukshetra?
La ciencia actual, con ese lenguaje tan poco poético, que la caracteriza, frío, abstracto, lógico y matemático, que no puede dar cuenta de todos los aspectos de lo real, y que por su sesgo, creyendose el todo, siendo solo parte, dio origen al egregor de la Técnica, que diría Ellul, y a sus hijas las 3 terribles revoluciones industriales, sus guerras mundiales respectivas y la Cuarta revolución en ciernes, que promete anegarlo todo, tan contrarias a la Vida, empieza a hablar del “problema duro de la conciencia”.
Algo en nosotros empieza a regresar el origen, de tan huérfanos que estamos de una paternidad divina, el Sujeto Absoluto, «la Conciencia Divina», torpemente, con aparatos de medición en el cerebro, buscan al emisor del mensaje que ilumina todo lo que toca, todo lo que es. Olvidan que hay un ojo en el corazón que es capaz de percibirlo directamente.
Pero hoy no me quiero encerrar en mi postura crítica sino acercarme con curiosidad a los últimos artículos sobre la conciencia, pero con esa prevención de que lo menor no puede explicar a lo mayor, sintetizando de alguna manera la cita con la que inicio. Con la prevención a esa retórica que se inició con libros como “El Tao de la Física” de Fritjof Kapra, de que las conclusiones de la ciencia moderna son las mismas conclusiones que alcanzaron los Vedas, pues como decían los físicos creadores de la teoría rechazaban la idea de que la física y el misticismo describían los mismos fenómenos. Acaso una relación metafórica. Como diría, de nuevo Sir Arthur Eddington «Debemos sospechar una intención de que Dios sea reducido a un sistema de ecuaciones diferenciales.”
Si nos alejamos de la posiciones más cerebrocentristas, como en esta entrevista que realicé a Francisco J. Rubia en Ariadna Tv, de que la conciencia puede definirse por las estructuras y funciones en las que se expresa, como si la comprensión de un televisor pudiera explicar de dónde viene la película que proyecta. Este mecanicismo reduccionista del milagro de la vida está dando paso a modelos teóricos de la naturaleza de la realidad, como el que ha presentado Maria Strømme, profesora de Ciencia de los Materiales en la Universidad de Uppsala, donde la consciencia es, al fin, fundamental; solo a partir de ella surgen el tiempo, el espacio y la materia. Como dirían las tradiciones sapienciales la naturaleza de la Inteligencia no es solo luminosidad sino infinita creatividad. La maya cósmica vuelve a aparecer. El útero matriciante de la Rahma divina se vislumbra ante los ojos de la ciencia. Aunque estén muy lejos de «comprenderlo» con su propio corazón. Pues hay que realizar el conicimiento para ser lo que señala.
«Físicos como Einstein, Schrödinger, Heisenberg y Planck exploraron ideas similares, y yo estoy desarrollando varias de las vías que abrieron», dice Strømme. Enriquecida por el estudio de las filosofías tradicionales no duales, se acerca a verdades formuladas en los Vedas: «Soy científico e ingeniero de materiales, así que estoy acostumbrado a ver la materia como algo fundamental. Pero según este modelo, la materia es secundaria: gran parte de lo que experimentamos es representación o ilusión».
El mundo es realidad dependiente, mithyā, la mente es realidad dependiente, ambas se descomponen en partes, pero hay un substrato, eso en lo que nos movemos somos y existimos, en sánscrito sería satyaṃ, la verdad, la realidad, que está en el «fondo» de todo. El mundo está montado sobre satyam, cabalga como olas en un océnao inconmensurable, aparecen como olas los fenómenos, con una existencia fenomenológica que podemos experimentar, es relativamente real. No hay dos cosas, hay una sola realidad, no-dual. El hombre sabio se interesa primero por la realidad, los detalles fenoménicos, se dan por añadidura.
Pero la soberbia aflora, pues el conocimiento para que transforme hay que realizarlo en la propia sustacia del alma. Y se pregunta Strømme»¿Son estos fenómenos realmente místicos? ¿O se trata simplemente de un descubrimiento que aún no hemos hecho, y que cuando lo hagamos, provocará un cambio de paradigma?». ¿Dónde está la humildad que ponga a lo «místico» en el centro de la salvación, y que reconozca que cuando la ciencia escala la montaña de la sabiduría, con su preciso lenguaje matemático, se encuentra siempre en la cumbre a los Budhas, los Lao tse, Los Rumis, los Shankaras, Santidevas. Los avataras, los canales de gracia por los que el Cielo besa la Tierra, ardiendo en poesía.
La realidad está esperando que la definamos, así que la ciencia lo hace desde su mirada. Y van llegando desde la ciencia aproximaciones como la del neurocientífico Giulio Tononi con su «teoría de información integrada», en la que «la conciencia existe para sí misma y por sí misma. Así, debe tener causa y efecto en sí misma». Que parece coincidir con la explicación de la conciencia que dio Platón hace más de 2000 años, mejor dicho, con el término que más se le asemeja ‘psyché‘, «inteligencia», ‘nous‘ o «ser», ‘ousia‘ que para él era poder. Ese “brotar de las cosas” que diría Zubiri.
O la propuesta desde la psicología transpersonal de que “la conciencia es ontológicamente primaria, no una propiedad emergente de los procesos neuronales, sino la realidad fundamental de la cual surgen la mente y la materia.” Se van integrando ideas de tradiciones espirituales no duales como el Advaita Vedanta y el budismo tibetano, que proponen cambiar el centro ontológico de la materia a la conciencia. Ya era ahora. Todo llega. Todo vuelve al Origen. El máximo de yin hace gestar el inicio del yang.
¡Se puede decir más bello, más claro? ¿Es que no atenderemos los signos que se escriben a diario en el horizonte y en nuestros corazones? “Les mostraremos nuestros signos en los horizontes y dentro de ellos mismos” Corán (XLI:53)
No es nada nuevo, repetimos, esto está en todas las metafísicas tradicionales, pero como la ciencia ha pecado de una soberbia tremenda, desechando ese conocimiento como una época pre-lógica, mítica y demás lindezas reduccionistas, cree que ha descubierto América. Pero la Luz sigue haciendo señas, no puede dejar de ser lo que es. Pura luminosidad. «Él es un tesoro escondido y busca ser conocido«. Por eso autores como Pármenides, Platón o Plotino, conviven con Epicuro, sade, o Descartes y más recientes autores como Titus Burkardt, o los que aún se niegan a citar los académicos, como Fritjof Schuon o René Guenon, ya lo explicaban magistralmente, clamando en el desierto de los academia global.
“El sujeto es la única garantía de la constante lógica del mundo; y que ese sujeto, a quien no debe entenderse sólo en su naturaleza relativa al yo, sino, antes bien, en su esencia espiritual, es el único testimonio de toda la realidad objetiva”. “Cosmología y ciencia moderna”.
Y siguen con ventaja, pues son hombres de gnosis y oración, al mismo tiempo, el Sujeto Absoluto no es sólo real en función de su proyección sobre un objeto exterior, pues como dice F. Schuon “Dios es Luz en Sí mismo, y no porque ilumine nuestras tinieblas; al contrario, Él ilumina las tinieblas porque es Luz en Sí; Él es Amor, no porque ama, sino que ama porque es Amor.”
Como dice Albert Masdeu, en un debate que mantenemos en las redes: “Aquello que explica toda inteligibilidad no puede depender de la inteligibilidad que él mismo origina. El soporte común de todas las experiencias es un Sujeto único que no aparece entre los objetos porque es lo que permite que algo aparezca. Un yo empírico es un contenido; el Sujeto es la instancia que hace posibles los contenidos. Lo que cada individuo experimenta como “mi” conciencia es un modo particularizado, limitado, refractado, de esa conciencia.”
Algo que cualquier meditador avezado puede comprobar por sí mismo y caer en las rodillas de la humildad. Algo que un «místico» no-dual puede balbucear con más precisión que un ordenador cuántico.
El que allí llega de vero de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia que la puedan emprender;
quien se supiere vencer con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.
Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal esencia;
es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo
San Juan de la Cruz
Las ciencias contemplativas han ido siempre a la búsqueda de esa pregunta de ¿Quién soy Yo? ¿Quién conoce en mí? ¿La identidad es un yo, un qué? ¿Es un ser, un sobre ser, una relación trinitaria, cosmoteándrica? ¿Un Principio, un Uno que acoge la multiplicidad, el Todo?
Dijo el Mensajero de Al-lâh, dijo: «Quien conoce su alma conoce a su Maestro» (man ‘arafa nafshū ‘arafa rabbahū). Cuando Al-lâh es nuestro Maestro todo es revelación, todo es enseñanza.
No puedo dejar de señalar el contraste entre las preguntas filosóficas de la modernidad, hija de la ilustración, que ha gestado un horrible y nefando nihilismo que lo permea todo, como esta del empirista Hume ¿Es ilusoria la conciencia. Una ilusión metafísica? con ¿Qué Luz tiene el hombre en este mundo cuando se apaga el sol, la luna, el fuego como preguntaba Janaka?
Y las Upanishads responden: La Voz, la palabra, es esa luz. Y el alumno humilde pregunta ¿Es la conciencia la voz de Dios en el cosmos que dice a cada cosa sé, o es, cuando Su voz se apaga y solo queda la luz que antecede a la Palabra en el interior del corazón, que ilumina tanto la oscuridad como el silencio?
En verdad, Gargi, el Inmutable nunca puede verse, pero es el que Ve. Nunca puede escucharse, pero es el que Escucha. Nunca puede ser pensado, pero es el que Piensa. No se puede conocer, pero es el Conocedor. No hay otro observador que Este (Inmutable), no hay otro oyente que Este, no hay otro pensador que Este, no hay ningún otro conocedor más que Este. (Brihadaranyaka-upanishad, III, 8,8 y 11)
Y aquí es donde el título de este larga reflexión se explica una cascada de preguntas una mayéutica, que me nace al leer estos artículos, como el reverso constructivo de mi refutación a la ciencia contemporánea, a la que le queda mucho de Prometeo, y con este río de preguntas sólo busco que el otro, el que ha hecho de ciencia el Imperio de la Ciencia, descubra la verdad por sí mismo tras atravesar sus propias contradicciones
¿Es el espejo en el que el fenómeno del mundo se revela? ¿Lo divino es el resplandor de la luz de la Conciencia que irradia sobre los mundos conformándolos?
¿La matriz de la conciencia es la manifestación primera de la Divinidad que crea al ser humano para reconocerse a sí misma y superar su absoluta soledad ontológica? ¿La Unidad se hace multiplicidad para contemplarse en la realidad a través de la mente?
¿Conciencia y Vida son sinónimos? ¿Lo que está Vivo -que es uno de los Nombres de Dios en el Islam Al Hayy- es eso que permea a la piedra y al alma que transmigra? pero ¿la piedra sabe que no sabe, aunque emita, lata, en una frecuencia constante? O El que sabe sabe en todo.
¿La mente que dicen los vedas, que es solo materia y por tanto inconsciente, sabe que es un diamante donde se refracta la Conciencia Divina, en forma de Luz incolora, y ella la otorga una creatividad policrómica tal como el ojo hace con las ondas que percibe? ¿Sabe la mente que esa luz interna viene del núcleo más allá de ella? ¿Solo el iluminado o el despierto sabe que sabe y los demás estamos a oscuras aunque pasemos al otro lado de la muerte, como nos sucede en la mayoría de nuestros sueños, que no reconocemos la luz que crea todos los fenómenos oníricos?
¿Es la Conciencia la Luz de luces, la luz del alma, el núcleo verdadero de la personalidad?
¿Es la conciencia su cálamo que escribe todos los versos existenciales del Universo con una tinta prodigiosa que se hace inteligible en el lienzo privilegiado del Hombre, y se hace visible en el lienzo milagroso del cosmos?
Mis preguntas siempre encuentran respuesta en el decir poético de las revelaciones, los textos inspirados. Como nos explica Óscar Pujol, al que también entrevistamos, según los vedas la mente es inconsciente, material, no espiritual, es un diamante que no brilla en la oscuridad, pero que al abrir una rendija de luz en esa habitación oscura, en cuyo un rayo de esa luz cae sobre él, que está en el centro, la luz blanca y neutra de esa conciencia se romperá en un haz del arcoirís que reflejará todos los colores. La mente hace esa función de reflejar la luz del Atman y mostrarnos la policromía del mundo, pero ella en sí misma no es luminosa, por eso identificarse con la mente cierra el paso a la verdadera identidad.
Es como el cerebro que interpreta las longitudes de onda de la luz que los objetos reflejan, en un mundo de ondas y partículas el diamante de la mente da de comer colores a la Conciencia divina para su deleite y el nuestro. Pero no somos el cerebro, no somos la mente solo, por diamantina que sea ha de ir más allá de ella misma, su inmanencia, reflejo del prodigio de quien todo lo crea, es a la vez su necesidad de trascendencia.
Somos la receptividad de la mente a la Conciencia, el receptáculo y lo percibido en una amalgama relacional cosmoteándrica, un nódulo de conexiones, espíritu-materia, entre el decodificador del cerebro, la mente, el mundo a nuestro derredor, y la luz divina que lo manifiesta, y lo recrea en cada uno de forma única. No hay frontera, pero solo los locos y los sabios la difuminan.
Hay que morir a la identidad con la mente, con el arco y con sus flechas, religarlo todo a lo que antecede la creación misma, para sanar la esclavitud de la identidad contractuada. No hay que tirar el diamante sino pulirlo, pues a través de él se expande la conciencia iluminado el mundo “in divinis” y la vez orienta a la psique hacia el infinito. Es como el signo del infinito, Conciencia, mente, Conciencia. Espíritu, psique, espíritu, en términos más clásicos. La ilaha Illa Allah, dirían los sufíes, no hay más realidad que lo Real, y la mente, las riendas del auriga, han de estar mantenidas firmemente por el corazón intelecto, pues en la parte de atrás está el Ser siendo toda esta historia de preguntas y respuestas.
Nos alegra que la ciencia esté girando al fin hacia el sujeto, que refleja al Único Sujeto, pero no es suficiente manejar teorías, hay que prácticarlas, y para eso no existe nada mejor que girarse hacia la Luz, estudiando las Ciencias Tradicionales olvidadas, la Metafísica denostada es la única que puede corregir este error de visión de quienes somos, y posee distintos caminos para prepararnos para ello, adentrarnos en la comprensión y vivencia de todas estas preguntas, que surge de ese silencio dorado, de esa nube del no saber, donde por obra del intellectus agens se abre la puerta del Paraíso, de la redención de la escisión, de la separación, donde uno por fin descansa en los brazos de Eso que nos deja balbuciendo, toda ciencia trascendiendo, donde todas las preguntas se hacen respuesta, pues Solo Dios basta, o si preferís, solo lo Real calma nuestra sed eterna de Verdad, Bondad y Belleza.
Acabo con el autor con el que empecé, que tanto bien le ha hecho a mis preguntas y las amadas Upanishads.
«¿Quién soy? La respuesta es lo Inexpresable.» Fritjof Schuon
Tú no puedes ver a quien ve lo que es visto, tú no puedes escuchar a quien escucha lo escuchado, tú no puedes pensar en quien piensa lo pensado, tú no puedes conocer al conocedor de lo conocido. Este es el atman, que está en el interior de todo. Todo lo demás es perecedero.
Brihadaranyaka-upanishad
Beatriz Calvo Villoria
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