Ecología del alma
Herramientas para cultivar una ecología del alma

Reportajes Al Descubierto

BIOMÍMESIS, la ciencia que imita a la vida

BIOMÍMESIS, la ciencia que imita a la vida

Con estas líneas, surgidas en medio de una primavera que rebosa belleza, proponemos poner al descubierto un principio verdaderamente sugerente y poderoso, capaz de transformar la actual relación entre la naturaleza y la sociedad; se trata de un cambio de enfoque radical (es decir, de raíz, fundamental) ante lo que ya pocos pueden negar: una crisis ecológica de dimensiones planetarias que es también política, económica, cultural y social; o, precisando un poco más, la crisis de la postmoderna civilización tecnológica.

Estamos hablando de la biomímesis, (de bios, que significa vida y mímesis, imitación) un concepto que es toda una estrategia para uno de los muchos cambios que necesitamos emprender, pues, más allá de su uso por parte de la industria para diseñar un tren de alta velocidad a imitación de la cabeza de un pato, o un edificio bioclimático a imitación de los termiteros, de lo que se puede hablar en un sentido amplio es de imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera.

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La tortuga y la liebre. El arte de educar

Claves para una educación sobre la naturaleza.

Aprender es algo natural, ligado a la vida misma. La educación (del latín educere “guiar”, “conducir” o educare “formar”, “instruir”) se define en los diccionarios como el proceso multidireccional mediante el cual setransmiten conocimientos, valores,

costumbres y formas de actuar. Somos conscientes de que tocar el tema de la educación es demasiado vasto, casi un océano, donde miles de ríos  de palabras y perspectivas desembocan formando olas inmensas de teorías. Hemos elegido centrarnos en la educación que  los niños deberían recibir en relación con la naturaleza,  conscientes del valor determinante que una buena pedagogía puede producir en el alma de nuestros hijos, extrayendo lo mejor de su ser, ya que ellos son la futura humanidad que  navegará sobre la Tierra.

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El precio de la tecnología

coltan 3El miedo era de una intensidad demoledora, la noche amplificaba los sonidos inciertos de la naturaleza tropical; decenas de mujeres y niños se alejaban lentamente del poblado para pasar una noche más en medio de una de las selvas del este de la República Democrática del Congo. Su objetivo: «refugiarse», en la espesura amarga de la intemperie y de los animales salvajes, de otro posible ataque a sus destartaladas chozas, a sus destrozadas vidas.

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La Voz de la Tierra

La Voz de la Tierra

Leónidas , un abuelo del pueblo mapuche, subió la escalera hasta la platea; 115 años nos contemplaban desde una de las salas de la casa encendida de Madrid. Nunca había salido de su tierra, de hecho estaba esperando a la muerte cuando un hermano mapuche le instó a viajar a occidente y hablar de su pueblo, “la gente de la tierra” —«Estás vivo por algo, ayúdanos a trasmitir la voz de la tierra a los pueblos del Norte»—.

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Somos lo que comemos

Somos lo que comemos

Al día de hoy, unos 6.500 millones de personas en el mundo demandamos de la tierra nuestro alimento, y el número puede alcanzar los 8.000 millones en el 2050. Existen 8.500 millones de hectáreas de tierra productiva (que incluye tierras de cultivo, pastizales y bosques) en todo el planeta, apenas el tres por ciento de su superficie, y cada siete segundos desaparece una hectárea. Las causas son variadas, como los desastres naturales (sequías, inundaciones), pero muchas de ellas, como el propio cambio climático, tienen un mismo agente: la mano del hombre que va cambiando los límites a la tierra productiva, urbanizándola, contaminándola, deforestándola, (ésta es la mayor causa de destrucción: la soja transgénica en Brasil o Argentina lleva más de 3 millones de hectáreas deforestadas y contaminadas para alimentar al ganado europeo).

Nueva cultura rural

Nueva cultura rural

Músicos, electricistas, fontaneros, doctores en biología, periodistas, actrices, filósofos, psicólogos, masajistas, terapeutas, enfermeros, ingenieros, poetas, artistas, historiadores, informáticos, agrónomos, delineantes, arquitectos, empresarios, emprendedores, fotógrafos, activistas, traductores, payasos… una infinita diversidad de perfiles humanos labrados con el cincel de la cultura urbana llevan tiempo desandando el camino hacia el ideal de progreso que las ciudades representaban, y que parecía el único camino posible a seguir, y encaminan sus pasos hacia un mundo, el rural, que en su imaginario ofrece las posibilidades de realizar sus sueños.

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