Ecología del alma
Herramientas para cultivar una ecología del alma

Cuaderno de bitácora

Cuaderno_de_bitacoraCuaderno de bitácora

En la marina mercante, se conoce con el nombre de cuaderno de bitácora al libro en el que los marinos, en sus respectivas guardisas, anotan el estado de la atmósfera, los vientos que reinan, los rumbos que se adoptan, la velocidad del buque y las distancias navegadas, observaciones astronómicas para la determinación de la situación, así como cuantos acontecimientos de importancia ocurran durante la navegación.

El Máster de experto en Mindfulness en contextos de salud que ando estudiando en la Universidad Complutense supone un viaje real en el mundo de la mente. Durante el transcurso de un año lectivo, se enseñan los medios para aplicar Mindfulness en diferentes contextos de salud y para trastornos específicos. Pero el objetivo primario es que los estudiantes puedan vivir un proceso interior potente y transformador que nos invitan a registrar y describir. He aquí algunas páginas de mi cuaderno de viaje a Ítaca.

 

Miércoles 11 de febrero, en cuarto menguante

El miércoles pude acudir una vez más a la escuela de meditación de Juan Manzanera, que además de escuela es nido, pues es cálido y acogedor el espacio de enseñanza que abre y hay algo del alma que se afloja y entrega en la sensación de un lugar seguro. Empezamos con la poderosa metáfora de derramar la energía de la mente en el cuerpo, y nos invito a dejarla sedimentar en la base del cuerpo, en ese trípode hermoso que da la postura de meditación budista. Una vez calmada la mente, gracias a un breve mindfulness en las sensaciones del cuerpo, Juan inició la explicación acerca de dos vías para trabajar con las emociones negativas, dependiendo del estado del practicante.

Una vía es adiestrarse en disminuir las emociones negativas y aumentar las emociones positivas, abstenerse de lo que aleja, elegir lo que acerca al dharma. Como ejemplo de la segunda vía, nos comentó que lo que diferenciaba a un sabio de un hombre corriente no es que en el sabio ya no existan emociones negativas como el dolor, la ansiedad, la ira o el miedo sino que en un sabio sólo duran el instante en el que surgen en el campo de la conciencia, mientras que en la persona corriente esas emociones surgen y arraigan, porque creemos que son verdad y la mente empieza a buscar el porqué de su aparición. Al buscar explicaciones anidan y arraigan durante horas, días e incluso años. El sabio en cambio sabe que no son reales, que tal como surgen desaparecen y que lo único real es esa conciencia que siempre permanece, que no tiene origen, que siempre ha estado presente atestiguándolo todo, incluso la aparición del fenómeno del yo, con sus narrativas personales, y que es una conciencia que nos permite darnos cuenta de las cosas que suceden a diario, como un ruido que irrumpe desde el silencio, o un pensamiento que emerge, una sensación táctil que acontece o una emoción que se despliega. Esa conciencia sencilla, no profunda, no elevada, sino cotidiana de darse cuenta estaba antes de la aparición de yo y cuando se cultiva la presencia de esa conciencia en la meditación, y se va incrementando por la práctica se puede observar el pensamiento del yo, que aunque es un pensamiento más sólido que la experiencia de una emoción cualquiera, es igual de irreal, pero para tener ese darse cuenta liberador es necesario observar desde la conciencia y no desde la mente, si se consigue que la mente no venga a hacer el ejercicio de comparar entre la experiencia del yo y las demás, se logra atestiguar, o se cae en la cuenta que el centro del ser no es el yo narrativo sino esa conciencia que siempre ha estado, sin principio ni final y que es sólo la punta del iceberg del descubrimiento de la Realidad.

Marché a casa con una sensación intensa de finura en la conciencia que me permitió hacer mi última práctica de la noche con una observación nítida y lúcida sobre el pensamiento yo, lo que amplificaba la conciencia de un no-yo, y atisbar de soslayo, que como dicen los sufís, el hecho de creerse un “yo”, un “otro”, es el velo por excelencia, velo que realmente nos impide ser.