En medio de la barbarie el recuerdo de lo esencial

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En medio de la barbarie sólo calma y salva el recuerdo de lo esencial, lo que no muta, lo que está inafectado, el Reino del que no cesa de manar seidad, felicidad, conciencia y que habita en lo más profundo de nuestro corazón.

El Recuerdo en medio del miedo, en medio de unos medios de comunicación de masas que sirven a los poderosos y que sesgan intencionadamente la información desinformando, sin señalar a los verdaderos artífices de tanto mal, tanto por su propia ignorancia del laberinto en el que estamos metidos por una cultura perversa, como por la maldad que hay en sus cúpulas de poder, que no van a señalar al propio entramado que los financia: el neoliberalismo feroz, vacío de cualquier principio humano y real.

El público occidental se pierde en estos días en un marasmo de horrendas imágenes que exacerban el clima de odio que les interesa a los que están jugando la partida de ajedrez geopolítica por la dominación del mundo, jugando con la misma falta de inteligencia que la de los siniestros personajes de las películas que financian, por pura inercia de vivir en el caos desde hace siglos, y porque en río revuelto ganancia de pescadores.

Con la publicación de las imágenes del grupo terrorista ISIS le hacen sin saberlo o con premeditación y alevosía el juego al marketing del horror que utilizan estos malvados para expandir una locura que nace, en último término, del caos civilizatorio de un Occidente degenerado y que ha degenerado a su vez al Oriente con su pensamiento único en busca de la globalización de una cultura del vacío, del nihilismo y el hedonismo feroz.

Por culpa de su amor al espectáculo, a las películas de terror que cada vez abundan más como producto favorito de la máquina ideológica de Hollywood, estos medios no son sensibles a que el espectáculo infernal de estos terroristas es real, es más que el culto a los oscuro y a la fealdad al que estamos acostumbrando incluso a nuestras niñas con las muñecas vampiras y con películas donde el héroe es el monstruo.

Al publicarlas aumentan no sólo la confusión y el pavor, sino que ayudan a materializar y precipitar en la historia el conflicto real: la afirmación del Bien o su negación que sucede en otro plano, el metahistórico, que es desde donde manan los principios y fundamentos que dirigen la realidad histórica, la metafísica de la historia, explicada con precisión meridiana por la ciencia de los ciclos cósmicos de las principales tradiciones, como la de los Vedas.

En este caso la historia que estamos viviendo está fundada en un acto que la trasciende y la lleva a un cierto fin: el fin de un ciclo cósmico, como explican los Vedas, que se ha distanciado, alejado respecto del Origen en su máxima expresión, pues toda manifestación que surge del Tesoro oculto que es el Absoluto-Dios se va alejando de Él a través del espacio y del tiempo hasta olvidar por completo de dónde surgió, a quién pertenece y a quién regresará.

Las criaturas perversas que están expresando tanta barbarie encarnan ese alejamiento máximo respecto a Dios y son las voces más agudas de la falta de espiritualidad de occidente y la extensión de este virus nihilista a todo el orbe-. La falta de formación intelectual de las ciencias sagradas hace que los medios de comunicación construyan una cortina de humo mediática en la que el problema parece ser el “choque de civilizaciones”, enfrentando víctimas con víctimas, cristianos y musulmanes. Víctimas todos de una tiranía de “elites transnacionales” que buscan mercados y poder globales, pero que son a su vez los títeres de esas fuerzas que niegan a Dios, lo Real, desde el principio de los tiempos, el mal del mundo es la distancia que nos separa de la Realidad, de la Verdad que es puro Sat, Chit y Ananda, Bondad infinita en nuestra tradición.

Estas élites de poder, como se llaman a sí mismas en sus clubes de poderosos usan los medios de comunicación de masas para envilecer al hombre y hacerle receptivo a sus películas, que tocan el único ámbito en el que se encuentra a gusto el hombre moderno, la emocionalidad, la sentimentalidad sin ningún tipo de raciocinio, no digamos de intelectualidad. En este caso buscan entretenernos con una película ficticia en la que musulmanes y cristianos se baten a palos y con las piernas enterradas como en el cuadro de Goya, mientras ellos se reparten el pastel del poder del mundo.

La gente está abrumada por tanto conflicto, sin capacidad de reflexión, pues las humanidades hace tiempo que desaparecieron del currículo de la educación neoliberal y casi nadie tiene formación filosófica, ni siquiera sabemos cómo usar la razón, la lógica aristotélica… nuestra herencia de pensadores clásicos que se ha sumergido en un olvido institucionalizado y nos impide asimilar la información, que como tsunamis sucesivos llega a las playas de nuestros ordenadores y dispositivos móviles.

La gente sólo dispone de información superficial, y ningún criterio para seleccionarla y elaborarla y sin formación no se puede discernir la farsa de la sociedad de la información-deformación, la caricatura de la sociedad del conocimiento.

Como primera solución a este eje del mal humildemente recomiendo no utilizar los medios de comunicación de masas, ver la televisión en estos días es exponerse al juego de imágenes y de emociones que encienden la posibilidad de que llevemos a la historia una nueva guerra de religiones. Buscar en otras fuentes, empezar a reflexionar sobre lo que verdaderamente está pasando en el corazón de cada uno de nosotros, el porqué la modernidad aborrece de su propia tradición, de sus ancestros, de su cultura, de sus raíces espirituales, cuando todo el mundo sabe que un árbol sin raíces se desmorona ante la tormenta.

El eje del mal se inventó una primavera árabe, supuestamente para democratizar el mundo, pero en realidad era para desestabilizar la parte del mundo que tiene los recursos del futuro, gas, petróleo, salidas al mar de esos recursos, y porque en río revuelto….

Con sus mass media inventan las historias que justifican sus intervenciones, que permiten derrocar regímenes que más o menos funcionaban como el de Assad en Siria, que siendo minoría se veía obligado a buscar el equilibro interétnico, por lo que con sus defectos era un país ejemplo de convivencia, hasta que los intereses americanos, el gran terrorista por excelencia, quiso enfrentar el poder de Rusia en la zona y quedarse con ese interesante enclave geográfico, desde el que defender también los intereses de esa otra hidra política que es Israel. ISIS, como reconocía Hillary Clinton nace financiada por USA y Arabia Saudí, que ha perdido también su raíz espiritual con el Islam tradicional y se ha corrompido a golpe de petro-dólar.

ISIS es un frankistein creado a medida que se ha escapado del castillo de su creador, con su permiso para generar terror, una expresión del Mal, con mayúsculas, un grupo terrorista atroz en sus crímenes, que usa cada masacre para el marketing del horror totalmente calculado para dar a la sociedad de masas que vive en el continuo espectáculo el sumum: la muerte en directo con iluminación y doble cámara.

Estas imágenes buscan legitimar una respuesta de guerra, que favorecería el negocio de la venta de armas, pero no una guerra con espíritu, pue existe una dimensión de guerra santa, de santa cólera que expulsa del templo a los malvados, la que defiende unos ideales, unos principios en peligro, pues Europa ya no es Europa, pues ha renunciado a sus raíces, y ya no va de guerras a ajusticiar al enemigo aunque se trate de verdaderos sanguinarios matadores de niñas y ancianas, ya nadie quiere ser un héroe, un guerrero, un caballero que salva damas en apuros, un Don Quijote que lucha contra molinos de viento, pues eso no es posmoderno, ni decadente. Es más cómodo quedarse a ver el espectáculo de turno, cuanto más violento mejor, mientras continentes enteros se desangran sin mover un solo dedo, salvo quizá para teclear un “me gusta” en el facebook de alguna ONG que lucha….

En estos tiempos las guerras se dirigen desde los centros de poder transnacionales que usan a gobiernos como los de los USA, dueño y señor de Europa, que se encuentran cómodos en el caos, donde florecen a su vez el negocio de las armas, el gran negocio del príncipe de las tinieblas, junto al de la droga y el de la prostitución.

El mal campea a sus anchas, lo vienen diciendo todas las tradiciones desde hace tres mil años. No hay ninguna religión detrás de ISIS, matan por matar, por la inercia de un fin del mundo que está empezando a hacerse visible para muchos (recomiendo mi entrada del Apocalipsis, que da cierta esperanza); matan porque el mundo se ha vaciado de Dios, de Realidad, de valores absolutos.

Porque la modernidad es puro relativismo, ambigüedad, no quiere raíces, no quiere héroes, no quiere grandeza en el vivir, no quiere más amar al prójimo como a sí mismo, sólo a sí mismo y de forma patológica, no quiere recuperar el sentido sagrado de la existencia, no quiere recuperar una conciencia que le diga, que con cada gesto cotidiano se construye la vida de cada uno y que cuando uno lleva su dinero a un banco que blanquea negocios de sangre, como las armas, y no se le despierta ninguna mala conciencia, se comporta en el fondo igual que el banquero que busca el máximo beneficio vendiendo armas a Arabia Saudí para armar a los de ISIS, él en el fondo también quiere su máximo beneficio, su interés a costa de lo que sea.

Recuerda, en medio de esta barbarie cada vez que uno se aparta del bien y del esfuerzo necesario para encarnarlo, realizarlo, lo que supone construir un carácter noble, financia con su tibieza de vida el mal en el mundo. Alimentamos a la Bestia que en lo intangible se expresa en una dinámica de degradación y que tiene su correspondencia en el plano concreto en todos eses ejes económicos y políticos que le allanan el camino para reinar como príncipe de las tinieblas y escenificar sobre el gran teatro del mundo el fin de un mundo que olvidó su Origen.

Propongo para no caer en el olvido, que lleva a la desesperación y al celo de una profunda amargura contra la que nada podemos, por la dimensión cósmica de esta posibilidad del Mal campeando por todo el orbe, dejar esa posmodernidad estéril y nefasta que nos ha condicionado el alma, impidiéndole abrirse al Misterio, donde los hombres sabios saben que esas fuerzas que precipitan la historia, no pueden no acontecer, como decía Jesús: “mirad que no os turbéis, pues es menester que todo esto acontezca”. Aunque “pobre de aquel que traiga el escándalo”. Y donde se sabe que las vidas de los hombres son orquestadas desde la sabia batuta del único Historiador real que existe, que maneja todos los hilos expresados en algunas tradiciones como la ley del karma, tejiendo para cada uno el vestido de su distancia o de su cercanía.

Dejemos de negar la influencia, en el alma del mundo y en el alma propia, de dos fuerzas que combaten por el Reino, a cada instante, y para que nada pueda contra nosotros os invito a recuperar una de las raíces esenciales del Occidente: la oración contemplativa que enfrenta al mal desde la raíz, desvelando en ese silencio dorado, que abre en el corazón, que no existe, pues el mal es ausencia de Bien, no tiene entidad ontológica. La separación ilusoria es obra de Mâyâ.

“Sólo Dios es” dicen las Tradiciones sapienciales, sólo el Absoluto es. Devolvámosle a la vida el sentido que la modernidad nos ha robado, parafraseando a Rûmî demos la vida entera para demostrar que la verdad existe, que Dios existe. Que nuestra vida sea el aceite en el que prende la luz que le falta al mundo, volvamos a las raíces de la propia alma con toda nuestras potencias, en palabras de la hermosa Santa de la Cristiandad, Teresa de Jesús “importa mucho y el todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella (a beber del agua de la vida), venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera se llegue allí, siquiera se muera en el camino…, siquiera se hunda el mundo (Camino de Perfección 21,2).

Ven vuelve a la raíz de tus raíces Hombre occidental y la hidra del terror no morará más en tu corazón.

Quien tenga oídos para oír….

Beatriz Calvo Villoria

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