El espíritu sopla dónde quiere

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Crónica de un diálogo interreligioso

“El espíritu sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” Juan III, 8.)

El domingo en la tarde cuando las luces ya empezaban a apaciguar su fulgor, decidí asistir a un encuentro interreligioso que se realizaba en AEMS, convocado por José Antonio Vázquez Mosquera al que había entrevistado hacía unos meses en el Hilo de Ariadna. Era una oportunidad de experienciar sobre el terreno de un encuentro entre sufís y cristianos uno de los axiomas que vertebran mi perspectiva espiritual, la unidad trascendente de las religiones. Y quería también disipar mis dudas hacia el peligro de sincretismo que puede acontecer cuando uno desdibuja en la fecundación que produce la relación con el otro las fronteras de sus creencias, de sus doctrinas, buscando una conciliación en el plano en el que las diferencias son providenciales.

Recordaba lo que decía Fritjof Schuon “Si hablamos de unidad trascendente de las religiones, con ello queremos decir que la unidad de las formas religiosas debe realizarse de manera puramente interior y espiritual, sin traición a cualquiera de las formas particulares.” Pero también recordaba su símil sobre las religiones “Las religiones son como lámparas de vidrio coloreado; ahora bien, una lámpara ilumina un lugar oscuro porque es luminosa y no porque sea roja o azul o amarilla o verde. Por una parte el color transmite la luz, pero por otra parte la falsifica; si bien es cierto que sin determinada coloreada no se vería nada, también es cierto que la visibilidad no se identifica con ningún color.”

Así que iba con apertura y vigilancia a la llamada de José Antonio y su contraparte sufí, que había propiciado el encuentro, Rafa Millán y Mardía Herrero, una pareja sufí bondadosa y entregada que hacen del diálogo interreligioso una vocación de aunar sus grandes amores como cristianos bautizados y musulmanes iniciados en el tariqa Naqshbandi.

Era hermosa la expectación ante lo desconocido que algunas mujeres cristianas comunicaban, presentando sus dudas del sentido de este encuentro, les comentaba que la apertura al otro, en este caso al musulmán y mas concretamente el aspecto más intimo y espiritual del Islam quería evidenciar como la búsqueda común de la verdad mayor, supera y trasciende cada forma religiosa, y que la actitud de diálogo entre distintas voces que claman al Cielo, como símbolo dónde reside el Misterio, buscando la paz de espíritu fecunda, pues en la medida en que la experiencia espiritual es una superación de la dualidad -hoy más que nunca cuando las dos grande religiones del mundo aparentemente se enfrentan en la arena del mundo con violencia inusitada-, para el hombre que anhela al Uno la superación de los muros que los hombres pretenden construir en torno a las distintas religiones es condición sine qua non para poder decir algún día, en un rapto de amor divino “¡Señor! Un día visito la iglesia, otro día la mezquita; pero de templo en templo, sólo a Ti voy buscándote. Para tus discípulos no hay herejía, no hay ortodoxia; todos pueden ver Tu verdad sin velos. Que el herético siga con su herejía y el ortodoxo con su ortodoxia. Tu fiel es el vendedor de perfumes: necesita la esencia de rosas del divino Amor.” Abu-l-Fadl Allami (India, 1551-1602): 

Quería observar cómo se iba mantener el equilibrio entre no cuestionar la singularidad de cada voz, para no caer en un sincretismo indiscriminado, y el atreverse al mismo tiempo en superar el dogmatismo, la cerrajón conceptual y excluyente de doctrinas teológicas que durante tantos siglos han sido utilizadas para fines mundanos como la dominación, con implicaciones políticas que a lo largo de los siglos solo han producido guerra y más guerra, como la de ser el pueblo elegido y justificar la desaparición de una nación entera de la faz de la tierra; o la del monopolio de la salvación por el Misterio encarnado en un hombre-dios que ha sido utilizado para crear un sistema de valores  que aún tratan de mantener un orden determinado para el beneficio material de unos pocos y el sufrimiento de muchos, como decía Simone Weil.

O la desviación contemporánea de un Islam infiel a su propia revelación, ya apuntada desde los inicios, que se sitúa en la perspectiva de la unidad trascendente de las religiones, diferentes en su forma, pero iguales en su esencia y que en su desviación asesinan a los hermanos cristianos haciéndose merecedores de la maldición de su profeta que dijo en su famoso edicto sobre los monjes:

“Cuando un sacerdote o un ermitaño se retira a una montaña o a una gruta, o se establece en la llanura, el desierto, la ciudad, la aldea, la iglesia, estoy con él en persona, junto con mi ejército y mis súbditos, y lo defiendo contra todo enemigo. Me abstendré de hacerle ningún daño. Está prohibido arrojar a un obispo de su obispado, a un sacerdote de su iglesia, a un ermitaño de su ermita. No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes. Cuando una cristiana tiene relaciones con un musulmán, éste debe tratarla bien y permitirle orar en su iglesia, sin poner obstáculos entre ella y su religión. Si alguien hace lo contrario. será considerado como enemigo de Al-lâh y de su Profeta. Los musulmanes deben de acatar estas órdenes hasta el fin del mundo”.

Me preocupaba y me ocupa cómo salvar el peligro que se desdibuje la fe de una mujer sencilla cuando escuche que Jesús deja de ser Hijo de Dios y pasa a ser profeta, Ibn Mariam, el Hijo de María, el sello de la santidad, y preguntarse cómo es posible que Dios sacrifique a su hijo en la crucifixión para convertirlo en Cristo por la resurrección de entre los muertos y en la otra revelación se niegue ese sacrificio y se narré que Dios lo elevó a los cielos, a su amado profeta, sin que nadie le tocase, insultase, profanase, ¿dónde queda la pasión sobre la que pivota el cristianismo?….

El desconcierto está asegurado en las claras diferencias doctrinales, e incluso puede desestabilizar al que no tenga la capacidad de elevarse, por lo que la única salida posible del laberinto de las formas es elevar el corazón, paradójicamente, en un buceo hacia sus profundidades y desde ese silencio que acontece, permitir dejarse penetrar por un silencio preñado de palabra, de Logos, donde los antagonismos de estas formas no perjudican. Como dice el Corán:

“Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y también en lo que se ha hecho descender para vosotros:
pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo,
y a Él nos sometemos.”

(Corán 29: 46)

Y una vez más cito unos versos de esa revelación, tan desconocida para muchos, para intentar entender porqué ese pluralismo religioso que trae de cabeza a los teólogos cristianos desarrollando todo tipo de posiciones inclusivistas, exclusivistas, cristocéntricas, teocéntricas para poder relacionarse con el fenómeno de la pluralidad religiosa que amenaza su Sol Cristo-Jesús sobre el que gira su universo religioso ha sido permitido por Dios:

A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley
y un modo de vida 
[distintos]. Y si Dios hubiera querido,
cierta­mente, os habría hecho una sola comunidad:
pero 
[lo dispuso así] para probaros en lo que os ha dado.
¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras!
Habréis de volver to­dos a Dios: y, entonces,
Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.

(Corán 5: 48)

Así que decidí callar mis vanos discursos por entender los que sólo el Misterio puede hacer comprender si uno se vacía lo suficiente y confiar en que de la “misma manera que todo color, por su, negación de la oscuridad y su afirmación de la luz, permite encontrar el rayo que la hace visible y remontar este rayo hasta su fuente luminosa, de la misma manera toda forma, todo símbolo, toda religión, todo dogma, por su negación del error y su afirmación de la Verdad, permite remontar el rayo de la Re-velación, que no es otro que el del Intelecto, hasta su Manantial divino.” Fritjof Schuon

Me parecía valiente que en un momento en el que los medios de comunicación de masa, títeres de los poderes financieros, que buscan la dominación del mundo, exacerban un choque de civilizaciones, este humilde monje se atreviese a escandalizar a convocar a los temidos musulmanes de barbas largas y “cimitarras escondidas”, en la imaginación de quien los contempla desde fuera, para asesinar sin piedad a quien se oponga a sus decretos de dominación del petróleo y el gas por el que litigan, por el bajo oro de este mundo en Nombre de un Dios del que lo desconocen todo, pues es pura Misericordia.

“La religión cuando se erige como una barrera que separa a unos hombres de los otros, deja de constituirse en un camino espiritual para pasar a ser un instrumento de control ideológico y dominación, aspecto periférico del fenómeno religioso que ha alejado a tantos de la vía que sana y salva.

Mientras andaba en esas disquisiciones varias llegó el Seijh de la tariqa o cofradía Naqshbandi y Mevlevi Ahmad Dede, llegaba con los atributos de un maestro del giro derviche, un sombrero alto de fieltro que simboliza la muerte apuntaba hacia con rigor de fieltro hacia el cielo, estaba rodeado por un turbante blanco que simboliza la mortaja, sus vestimentas nos mostraban los atributos del derviche, que es él que vive en el umbral de los dos mundos, esperando en la muerte el encuentro con lo real, sabiendo que el mundo es impermanente y desaparecerá con sus falsas promesas de felicidad.

Este Seijh recorre el mundo desde hace años enseñando los secretos del giro sufí y acudió a Cristiania, el proyecto del monje, después de dos días muy intensos y de absoluta entrega de enseñar a girar a todo el que quiso acercarse llamado por los versos de Rûmî con los que encabeza sus talleres:

“Ven, ven, quienquiera que seas.
Vagabundo, idólatra, adorador del fuego,
ven aunque hayas roto tus votos mil veces,
Ven, y ven una vez más.
La nuestra es la caravana de la esperanza!”
Rûmî.

José Antonio abrió el diálogo desde la humildad de su cueva de corazones rotos y agradeció la caridad de los amigos de venir a dar de su alimento y le dió la palabra. El maestro giróvago empezó diciendo que él era un escuchante, solo si el corazón le hablaba podría decir algo y se recogió hacia adentro esperando que su maestro le inspirase y le inspiró y dijo cosas muy hermosas, sobre la rosa, sobre las espinas de la rosa, sobre la belleza y el rigor. Sobre girar, girar en el nombre de Dios que hace gira los átomos del Universo, girar para probar la miel, girar con la llave del amor del que no quiere nada para sí, pues sólo quiere ser concha que rebosa para dar del Único que da. Girar y desaparecer en el abrazo del Amado, el único amparo, y desde su abrazo amar a los hermanos, sus criaturas, sus siervos, sus amantes, sus hijos. Amar para dejar de ser lo que no se es.

Y mientras hablaba, aunque muchas de sus disquisiciones, perfectamente traducidas por el infatigable Abdel Wahid, eran quizá muy metafísicas para ser entendidas, el lenguaje de su corazón era audible para cualquiera que tuviese un mínimo de apertura a la experiencia, un mínimo de sed de belleza, y  recordaba lo que su maestro Sheij Nazeem decía en un libro: “Aquellos con los que nos sentamos y cuyos corazones son receptivos al Amor Divino alcanzarán ese Amor.” Y la miel de ese amor empezó a hacerse evidente en muchos corazones, el néctar flotaba en el ambiente y las miradas de dulzura y alegría iban transformando los rostros de muchas de las mujeres que allí acudieron, la oración sin cesar apareció en algunos corazones.

Y comprendí las sentencias de Ibn ‘Arabî  “¡Guárdate de atarte a una religión en particular rechazando las demás! Si tal haces, no obtendrás de ello gran beneficio. Peor aún, no conseguirás el verdadero conocimiento de la realidad. Trata de hacer de ti Materia Prima para todo tipo de creencia religiosa. Dios es demasiado grande y amplio para quedar confinado en una sola religión”.

Pero también comprendí la providencia de que existan distintas Vías en las que practicar en un marco de cierta garantía, bajo la bendición de un sector cósmico, las virtudes necesarias con la ayuda de símbolos específicos y ritos que purifican los velos del alma que encierran al Sol del Corazón único capaz de dialogar con el infinito, con el Misterio. Vías externas fecundadas por una dimensión interna que las trasciende, actualización de la letra del dogma particular por la universalidad del espíritu que sopla dónde quiere.

Acabamos con una lectio divina del evangelio de Juan, desde el silencio cada uno oró cabalgando en las palabras del apóstol amado después de presenciar un diálogo de corazones entre el monje del Islam y el monje del Cristianismo. El Sheij sufí recitó para terminar unos versos del Corán una de las prácticas de salvación que realizan a diario, sumergiéndose en unos versos, que como olas de una Revelación primordial te llevan de regreso al Océano de la que surgieron.

Las claves de la salvación que comparte en su etimología la sanación que tantos anhelamos en estos tiempos de convulsión, dónde todo se derrumba las tiene la dimensión trascendente que toda forma tradicional debería tener en su núcleo como savia atemporal, aformal que la vivifica a cada instante y nos posibilita ser Hijos de un Dios presente, hijos del Instante que no cesa de manar su Ananda. Ama y haz lo quieras. Amor saca Amor.

Beatriz Calvo Villoria

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